El silicio es el ejemplo cotidiano más claro. No se comporta como un metal típico ni como un no metal típico, y sus propiedades semiconductoras son fundamentales para la electrónica y las células fotovoltaicas.
El boro mejora algunos vidrios y cerámicas. El germanio se usa en electrónica y óptica especializada. Antimonio y telurio aparecen en aleaciones y materiales avanzados. El arsénico tiene usos tecnológicos, aunque también es conocido por su toxicidad.
«Metaloide» es una categoría descriptiva, no un grupo IUPAC con límites rígidos. Por eso algunos elementos de frontera cambian entre distintas tablas.