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Disolución

Cuando una sustancia se disuelve, sus partículas se dispersan entre las del disolvente. No han desaparecido: quedan distribuidas a una escala demasiado pequeña para verlas directamente.

Qué ocurre

La disolución depende de las interacciones entre el soluto y el disolvente. En un sólido iónico como el cloruro de sodio, las moléculas polares de agua ayudan a separar los iones del cristal y a estabilizarlos en la disolución.

¿Dónde lo vemos?

La solubilidad no es ilimitada. A una temperatura y presión dadas, una disolución puede alcanzar la saturación; el soluto añadido en exceso queda entonces sin disolver. El efecto de la temperatura varía mucho según la sustancia.

Si después se deja evaporar el agua salada, la sal puede recuperarse en forma de cristales. Es una buena prueba de que disolver no significa destruir la materia.

Para recordarUna sustancia disuelta sigue presente aunque ya no podamos verla.

Un paso más

Para comprender bien este fenómeno conviene separar la causa del resultado visible. Temperatura, presión, concentración, superficie de contacto y naturaleza de los materiales pueden cambiar la velocidad del proceso o el estado final. En sistemas reales, varios factores suelen actuar a la vez.

Por eso el mismo fenómeno puede verse de forma distinta en un laboratorio, una cocina o al aire libre. La química y la física de fondo son las mismas, pero cambian las condiciones.