Qué ocurre
La disolución depende de las interacciones entre el soluto y el disolvente. En un sólido iónico como el cloruro de sodio, las moléculas polares de agua ayudan a separar los iones del cristal y a estabilizarlos en la disolución.
¿Dónde lo vemos?
La solubilidad no es ilimitada. A una temperatura y presión dadas, una disolución puede alcanzar la saturación; el soluto añadido en exceso queda entonces sin disolver. El efecto de la temperatura varía mucho según la sustancia.
Si después se deja evaporar el agua salada, la sal puede recuperarse en forma de cristales. Es una buena prueba de que disolver no significa destruir la materia.