Galio
El «eka-aluminio» de Mendeléyev debía ocupar el lugar situado bajo el aluminio. Cuando se aisló el galio, su química y varias propiedades medidas coincidieron estrechamente con el perfil previsto para aquel elemento ausente.
Mendeléyev no inventó la idea de agrupar elementos parecidos. Su aportación decisiva fue convertir la periodicidad en un sistema de trabajo: lo bastante amplio para ordenar los elementos conocidos, flexible para corregir datos dudosos y audaz para dejar huecos destinados a elementos que la química aún no había descubierto.
En la década de 1860 los químicos conocían más de sesenta elementos y manejaban varias formas de ordenarlos. Döbereiner había descrito tríadas; de Chancourtois había distribuido los elementos sobre un cilindro; Newlands había observado semejanzas recurrentes; y Lothar Meyer había organizado familias y relacionado el volumen atómico con el peso atómico. Mendeléyev trabajó dentro de ese panorama científico.
Lo que hizo especialmente fértil su sistema de 1869 fue la manera de tratar los huecos y las incoherencias. Si un elemento parecía quedar en una familia química equivocada, estaba dispuesto a cuestionar el peso atómico aceptado. Si la secuencia exigía un elemento que nadie había aislado, dejaba un espacio en vez de forzar el patrón.

El «eka-aluminio» de Mendeléyev debía ocupar el lugar situado bajo el aluminio. Cuando se aisló el galio, su química y varias propiedades medidas coincidieron estrechamente con el perfil previsto para aquel elemento ausente.
El escandio ocupó la posición asociada al «eka-boro». Su óxido y su comportamiento químico reforzaron la idea de que los huecos reflejaban una estructura real de los elementos, no una simple forma elegante de imprimir una lista.
El germanio proporcionó la confirmación más célebre. Mendeléyev había descrito el «eka-silicio» con suficiente detalle como para comparar peso atómico, densidad y compuestos característicos.
En 1867 Mendeléyev se convirtió en profesor de química general en la Universidad de San Petersburgo. Mientras preparaba Principios de química, necesitaba una forma coherente de pasar de una familia de elementos a la siguiente. El sistema periódico surgió dentro de esa tarea práctica: ordenar una gran cantidad de hechos químicos para que sus relaciones se vieran en vez de memorizarse por separado.
También influyó el Congreso de Karlsruhe de 1860. El trabajo defendido, entre otros, por Stanislao Cannizzaro ayudó a aclarar los pesos atómicos y dio a los químicos una base numérica más coherente. Mendeléyev aún ordenaba por peso atómico, no por número atómico, pero contrastaba siempre el orden numérico con las propiedades químicas.
La tabla moderna no es la de Mendeléyev congelada en 1869. Los gases nobles añadieron una familia completa. La radiactividad y las tierras raras complicaron el panorama de finales del siglo XIX. En 1913 Henry Moseley demostró que el principio correcto de ordenación es el número atómico y no el peso atómico. Más tarde, la mecánica cuántica explicó la periodicidad a partir de la estructura electrónica.
Estos avances no eliminaron la ley periódica: le dieron una base física más firme. La ordenación moderna por número de protones y los patrones recurrentes de las configuraciones electrónicas mantienen la intuición central de Mendeléyev: la posición en la tabla aporta información sobre el comportamiento químico.
La historia se entiende mejor cuando cambia la cuadrícula. Pase de 1869 a 1875, 1879 y 1886 y observe cómo las posiciones previstas se convierten en elementos descubiertos.
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